La comunidad judía de Palermo

Tazría Metzorá – 5778

por Rabina Daniela Szuster

Nuestra responsabilidad sobre la educación judía de nuestros jóvenes

La primera parashá de esta semana, Parashat Tazria, nos ordena que cuando nace un hijo varón: “en el día octavo, habrá de ser circuncidada la carne de su prepucio” (Vaikra 12:3). El Talmud nos enseña que ésta es una de las tantas obligaciones de la familia para con sus hijos: “El padre está obligado de cuidar de que su hijo sea circuncidado, de redimirlo, de enseñarle la Torá, buscarle esposa y enseñarle un oficio. Algunos dicen que  debe enseñarle a nadar. Rabí Judá dice: quienquiera que no enseñe a su hijo un oficio, se considera que le ha enseñado a robar” (Talmud Babilónico, Tratado Kidushin 29a). Este pasaje talmúdico nos enseña que los progenitores deberían preocuparse de diferentes aspectos de la vida de sus hijos:

“El padre está obligado de cuidar de que su hijo sea circuncidado”, como nuestro patriarca Abraham hizo con su hijo Itzjak, debemos también nosotros, por medio del ingreso al pacto,  otorgarle una identidad, un legado de valores y forma de vida. “…de enseñarle la Torá…”, dicen las fuentes (Lejem Mishné, Hiljot Talmud Torá 1:3)  que los progenitores mismos tienen que enseñarle, pero si no saben, puede contratar a alguien experto para que lo haga en su lugar. Este pasaje nos indica acera de la importancia que nuestros hijos reciban educación judía. “…buscarle esposa…”, se trata de la preocupación de los padres por la continuidad de la tradición formando un hogar judío.  “…enseñarle un oficio…”, con el fin que pueda ser autónomo, independiente y abastecerse, tener una función, un trabajo digno. Capacitarlos para desempeñarse en la vida laboral. “…enseñarle a nadar…”,en la modernidad diríamos que es bueno para la salud y destreza corporal, sin embargo, los sabios se referían específicamente en caso que su hijo esté en el mar y esté en peligro, pueda salvar su vida

Todas éstas no son obligaciones elegidas al azar. Después de darle ingreso formal al pueblo hebreo a través de los rituales vinculados al principio de la vida, debemos educarlos. También tendríamos que preocuparnos por su propia continuidad ayudándolos a formar sus familias. Además, garantizarles su independencia capacitándolos para desempeñarse en la vida laboral. Y por si fuera poco, tenemos que orientarlos en los cuidados más básicos de su existencia.

A mí entender, hoy en día, en nuestras comunidades, nos preocupamos y somos responsables en la mayoría de éstos aspectos. Logramos exitosamente que nuestros hijos sean educados, tengan una identidad, una profesión, trabajen, sean independientes, etc. Sin embargo, creo que existe un aspecto que solemos abandonar y que deberíamos mejorar. Me refiero a la educación judía de los jóvenes. Somos muy buenos en educar a nuestros niños pero cuando éstos crecen y se hacen más grandes, dejamos su educación judía al azar, como si todo lo que les enseñamos hasta los doce o trece años, fuera suficiente. Como se suele decir, el ser Bar o Bat Mitzvá es el comienzo de una nueva etapa y no el final.

Tradicionalmente, los padres se desligaban de sus responsabilidades para con sus hijos a esta edad, siendo éstos autónomos e independientes. Ya trabajaban, se podían casar, ser testigos, etc. Pareciera ser que somos bastante estrictos con esta costumbre, pero solamente en relación a la educación judía de los jóvenes.

Al recitar el Bircat Hamazón, luego de circuncidar a un hijo, se incluye la siguiente frase:“Harajamán bendiga a la madre, al padre y al hijo”…”y que tengan el privilegio de verlo crecer y educarlo…”  Los sabios se preguntan: ¿Por qué se habla primero de verlo crecer y luego educarlo?, ¿No tendría que ser a la inversa? ¡Desde pequeño se educa a los hijos! Rabi Ioshua Leiv Diskin responde diciendo que generalmente es bastante fácil educar a niños pequeños. En cambio, padres y maestros se encuentran en dificultades cuando deben educar a los jóvenes, cuando estos niños ya han crecido. Por eso decimos en la Seudá del Brit Mila: Sea tu voluntad que los padres puedan educar a sus hijos en el camino de la Tora y la tradición, también cuando sean grandes, y no sólo de niños.

Es un gran desafío, no obstante, es nuestro deber educarlos también cuando son jóvenes. Justamente en la etapa de la vida en la que pueden pensar más profundamente, en la que pueden ser más cuestionadores y desarrollar su intelectualidad judía, es cuando necesitamos que estén dentro de la comunidad. Aun cuando nuestros hijos ya son Bar o Bat Mitzvá, en la adolescencia, somos responsables de su educación judía. Es posible que ellos no la prioricen, sin embrago, así como les hacemos entender la importancia que tiene en sus vidas hacer algún deporte, aprender un idioma o un instrumento; con más razón, deberíamos explicarles y demostrarles la importancia de que continúen con el estudio, la práctica y el fortalecimiento de su identidad judía. En cada una de las congregaciones de la UJCL existen espacios en los que nuestros jóvenes son invitados a participar e involucrarse, así como los majanot de la UJCL. Entonces no dejemos que su educación judía sea echada  al azar así como no lo hacemos en los años previos al Bar o Bat Mitzvá. Los invito a que juntos logremos que nuestros jóvenes tengan un lugar relevante en la congregación, que se sientan tan a gusto como nosotros.

¡Shabat Shalom!

Fuente: “Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe”, Tazría Metzorá 5772, http://ujcl.org/Ujcl/?p=2450