Matot – Masei – 5777

Uno de los factores que distancian a las personas, separan corazones y producen desencuentros es sin duda el enojo.

Los midianitas habían manipulado a Israel trayéndoles las chicas de Moav, conduciéndolos a la idolatría. En consecuencia murieron veinticuatro mil hijos del pueblo de Israel.

En esta sección de la Torá, Dios les dice que hagan la guerra, los combatan, tomando venganza.

Haz la venganza de los hijos de Israel contra los midianitas; después serás recogido a tu pueblo”. Números 31:2

Moshé lo hizo enseguida a pesar de que sabía que después de este evento, el próximo era la hora de su muerte. Y cuando vuelven del campo de batalla Moshé se enojó.

14 Y se enojó Moisés contra los capitanes del ejército, contra los jefes de millares y de centenas que volvían de la guerra, 15 y les dijo Moisés: ¿Por qué habéis dejado con vida a todas las mujeres?

La Torá hace hincapié en el enojo de Moshé e inmediatamente después el texto continúa:

21 Y el sacerdote Eleazar dijo a los hombres de guerra que venían de la guerra: Esta es la ordenanza de la ley que Adonai ha mandado a Moisés:

Eleazar les enseña que hacer con el botín de guerra, como purificar los utensilios.

El talmud pregunta: ¿por qué Eleazar es el que da las indicaciones, las leyes de pureza para los elementos y no Moshé mismo que le transmitió a Eleazar lo que Dios le dijo?

Los sabios responden:Toda persona que se enoja, si es sabio, su sabiduría se le separa, si es un profeta, su profecía se le separa.

En relación a Moshé cuyo nivel espiritual era alto, un poquito de enojo produjo la desaparición de la halajá y es por eso que su discípulo Eleazar debía indicar la normativa.

Aun si el enojo es justificado como en el caso de Moshé (la venganza y la guerra estaban relacionadas con la inclinación hacia la idolatría provocada por el contacto con las hijas de Midian y traerlas y acercarlas a Israel claramente no era el objetivo) debe ser apaciguado.

Alguien podría pensar que no fue justo que Moshé no indique o se olvide la normativa, sin embargo lo que pasó fue un efecto natural. Porque la naturaleza del enojo nos quita el sentido común y la capacidad de evaluar.

Enseñan nuestros sabios que el enojo no permite enseñar lo que hay que hacer, la halajá.

Cuando estamos enojados nos gobierna una fuerza extraña, el yo real desparece y nos gobierna otra fuerza y solo cuando pasa el enojo nos damos cuenta que fuimos gobernados por esa fuerza.

Aunque tendemos a considerar que somos de determinada manera y es imposible cambiar, los maestros de Israel enseñan que el temperamento no es fijo y determinado, está vinculado al conocimiento de una persona. Solo el necio no controla su ira, mientras el sabio domina su enojo.

Trabajar y moldear nuestro temperamento es una de las tareas personales más difíciles, sin embargo la recompensa y el beneficio puede ser enorme.

No solo para nosotros sino también para nuestros semejantes y nuestro entorno.

Nada más placentero que una existencia de paz interior, belleza y alegría que nos acerquen a ese amor tan necesario.

Shabat Shalom uMevoraj!