Vaishlaj – 5778

Pragmatismo

Rab. Gustavo Surazski

Una de las instituciones centrales en la sinagoga desde los tiempos de Ezra y hasta los tiempos de JaZaL era el meturgueman, quien se ubicaba junto al lector de la Torá y traducía uno por uno los versículos bíblicos.

El arameo fue por varios siglos el idioma dominante en el Medio Oriente, y la Tierra de Israel no fue la excepción. Es por eso que la lectura ritual de la Torá y las Haftarot requerían de una traducción al idioma utilizado por las masas.

Gran parte del Talmud está redactado en idioma arameo y la liturgia judía contiene destacadas oraciones en dicha lengua. El Kadish, el Kol Nidrei y el Ha-Lajma Ha-Ania  en la Hagadá de Pesaj son solo tres ejemplos.

No obstante, JaZaL ofrecen en la mishná un listado de pasajes bíblicos que deben ser leídos sin traducción (Mishná Meguilá 4, 10 y la guemará a continuación). Se trata, sin excepción, de pasajes problemáticos que pueden ser malinterpretados por la congregación, o bien presentan a nuestros antepasados de manera desfavorable. Entre ellos se menciona –por ejemplo- el pasaje de Reuvén y Bilha, concubina de Iaakov (Bereshit 35, 22) o el episodio de Amnón y Tamar, en el libro de Shmuel (Shmuel II 13).

Llama la atención que entre dichos episodios “censurados” por nuestros Sabios no se mencione el episodio de Diná que es mencionado en nuestra Parashá; este episodio presenta a Leví y a Shimón de manera poco halagüeña. Por lo visto, JazaL entendieron que dicha historia contiene un mensaje que debe ser leído, traducido –y sobre todas las cosas- comprendido.

Dina fue la única hija mujer de Iaakov y su mujer Leá. Luego de haber permanecido por largos años en lo de Laván el arameo, nos cuenta la Torá que Iaakov vuelve a establecerse en la tierra de Cnaan.

Un día, Dina salió de su hogar y Shjem ben Jamor el jiveo, uno de los hombres fuertes de la región, raptó a la joven, la violó y la humilló. Luego, quedó perdidamente enamorado de ella.

Shjem solicita a su padre Jamor que intervenga para tomar a Dina como esposa. Mientras tanto Iaakov ya había escuchado acerca de lo sucedido y –atónito- no sabe como reaccionar.

Jamor, el padre del violador, sorprende a todos con sus capacidades diplomáticas. Propone a Iaakov y a sus hijos un acuerdo.

“Y habló Jamor con ellos diciendo: Shjem, mi hijo, desea con toda su alma a vuestra hija; dadla ahora a él por mujer y emparentad con nosotros; vuestra hijas daréis a nosotros y a nuestras hijas tomaréis vosotros” (Bereshit 34, 8).

Jamor quiere seducir a Iaakov y a sus hijos. Sabía que les estaba proponiendo sellar un pacto atractivo. Además les proponía tomar posesión de la tierra.

Sin embargo, los hijos de Iaakov tenían planes diferentes. Ellos le respondieron que sólo podrían avanzar con el pacto si los hijos de Jamor aceptaran circuncidarse. Para sorpresa del lector –y posiblemente para sorpresa de los hijos de Iaakov- los hijos de Jamor conceden a su pedido y convencen a todos sus hombres a practicarse la intervención.

Al cabo de tres días, cuando éstos aún estaban doloridos, Shimón y Leví liberan a Dina en un operativo relámpago, pasando por la espada a Jamor, a Shjem y a todos sus hombres.

El intercambio entre Iaakov y sus dos hijos al final del capítulo se asemeja a una charla entre sordos. Mientras Iaakov les dice: “Me turbasteis para hacerme aborrecible entre los moradores de la tierra” (Bereshit 34, 30) , éstos se justifican diciendo: “¿Acaso como prostituta hará a nuestra hermana?” (34, 31).

Iaakov reprende a Shimón y a Leví no porque ellos hayan llevado adelante una represalia ilegítima e injusta, sino por el miedo a que su accionar despierte acciones en su contra.

Iaakov es un pragmático y ello debe saberse. Es por éso que nuestros Sabios no han agregado este pasaje a la lista de historias “censuradas”. Dicho pragmatismo debe leerse, traducirse y comprenderse.

Porque en el Medio Oriente, tanto hoy como ayer, no alcanza con tener la razón…También hay que ser inteligente.