Vaiesheb – 5778

Un destello en la oscuridad

Por Rab. Gustavo Surazski, Kehillat Netzach Israel – Ashkelon

Estando en prisión, Iosef comienza a ejercitar su formidable don para interpretar los sueños. Dos de sus compañeros de celda habían soñado. El jefe de las bebidas y el jefe de la panadería del faraón, estaban presos junto a Iosef y descubrieron allí su fantástica habilidad. Cuando el próximo Shabat sea el faraón el que sueñe y necesite de un intérprete, el jefe de las bebidas recordará que allí en la cárcel había un ‘muchacho hebreo’ que podría ayudarlo.

Estar preso en una cárcel egipcia, no habrá sido fácil para ningún hebreo. Iosef podría haber descolgado su ‘Maguen David’ y escondido su identidad. No obstante, sabemos que no fue eso lo que ocurrió. El jefe de las bebidas desconocía el nombre de aquel joven…¡Pero sabía que era hebreo! De esto se infiere que Iosef tuvo la fortaleza interior para expresar su judaísmo en la oscuridad de aquella prisión.

A menudo alguna gente me habla de su imposibilidad por mantener su judaísmo. ‘¡Llego tarde a casa!’, me dicen. ‘¿Cómo pretendes que venga a estudiar? ¿Cómo quieres que venga al minián del Shabat a la mañana? ¡Aquí en Israel es el único día que puedo dormir!’. Y yo pienso en Iosef…Si él pudo sostener su judaísmo en circunstancias tan extremas…¿por qué no vamos a poder nosotros?

Miles de años después de Iosef, los judíos del Guetto de Kovno, preguntaban a Rabí Efraim Asheri si sus casas del Guetto debían llevar mezuzá o si podían trabajar en la cocina del Guetto a sabiendas de que deberían encender fuego en Shabat…
Resulta conmovedor ver como un grupo de judíos al borde de la muerte quería saber qué opinaba el judaísmo acerca de su vida. Y me pregunto…¿con qué derecho podemos decir nosotros que no podemos mantener el judaísmo porque llegamos tarde a casa y estamos cansados?

Posiblemente ese sea también el mensaje de Januká que celebraremos en unos pocos días. Bajo el dominio griego, los judíos abandonaban la Torá, reverenciaban los modos de vida helénicos y hacían culto de la belleza física. Mantener el judaísmo allí, en ese ambiente, exigía una gran fortaleza espiritual.

Las luces de Januká nos recuerdan cada año que esos impulsos que empujan al judío a descuidar su fe siempre han existido pero…¡siempre han sido vencidos! Pero sobre todo, nos hacen ver que para vencer a la noche basta con una mínima llama. Ese destello está en nuestros corazones; dejémoslo alumbrar…