Tzría – 5776

“Adonai  le ordenó a Moisés que les dijera a los israelitas: «Cuando una mujer conciba y dé a luz un niño, quedará impura durante siete días, como lo es en el tiempo de su menstruación.  Al octavo día, el niño será circuncidado” – Levítico 12: 1-3

Esta parashá nos recuerda uno de los compromisos básicos judíos, el de realizar el brit milá a cada hijo varón al octavo día de su nacimiento.

El libro de vaikrá comienza con los sacrificios y las ofrendas destinados a purificar el espíritu de las personas acercándolas a Dios. Después continúa con la purificación del cuerpo, con el dominio de los instintos, la comida y el deseo; y por eso las leyes de cashrut.

Dicen que en esta sección se abordan el perfeccionamiento o la pureza social. Es decir se hace hincapié en el rol del ser humano en la sociedad.

Esta idea está muy bien formulada en un midrash:

Rabí Akiva y el procurador romano Turnus Rufus tuvieron un intercambio de opiniones. El tema de discusión era el brit milá.
Turnus Rufus preguntó: – Si Dios es omnipotente, creador del cielo y la tierra, por qué no creo a los bebes, completos. ¿Por qué le encomendó al ser humano circuncidarlos?
De acuerdo a la visón del romano el mundo es incompleto y no debe mejorarse o modificarse. El ser humano es demasiado insignificante para intentar repararlo o modificarlo.
Rabí Akiva pensaba que las acciones de los seres humanos son importantes. Consideraba que las personas gozan de libre albedrio para completar, modificar y recrear la naturaleza.
Así le demostró al romano que Dios creó las espigas de trigo y que las manos del ser humano son capaces de convertirlas en panes y tortas, mejorando lo que nos fue dado.

Justamente la aspiración y el deseo de un mundo mejor, es el combustible que estimula la actividad humana.

Los preceptos en general tienen esta intención, fortalecer y moldear el espíritu humano.

Shabat Shalom uMeboraj!