La comunidad judía de Palermo

Pinjas 5778

Parashat Pinjas

Por Rabino Joshua Kullock

Parashat Pinjas nos encuentra finalizando ya con el cuarto libro de la Torá. En esta porción aparecen varios temas importantes, como ser el episodio de Pinjas y su reacción frente a los hechos que se habían sucedido, la historia de las hijas de Tzelofjad y la herencia de las tierras, otra aparición de todas las ofrendas que se debían realizar, y la designación de Ioshua Bin Nun como el sucesor de Moshé.

Y es sobre este último tema que hoy vamos a hablar. La Torá nos cuenta que Ds le dice a Moshé que suba al monte en donde morirá para contemplar primero toda la tierra que sería del pueblo, y luego descansar en paz. Frente a este pedido, y antes de poder despedirse de toda la congregación, Moshé le pide a Ad-nai algo fundamental, que nos demuestra, una vez más, la grandeza del líder de Israel. Así dijo Moshé:

“Designe Ad-nai – Ds de los espíritus de toda carne – a un hombre sobre la congregación. Que pueda salir delante de ellos, y que pueda venir delante de ellos; y que los pueda sacar y que los pueda traer. Para que no sea la congregación de Ad-nai cual ovejas que no tienen pastor” (Bemidbar 27:16-17).
¿Quién mejor que el mismo Moshé para hablar de las características de su sucesor? Habiendo ya liderado durante largos años al pueblo, con razón pide Moshé un pastor que los pueda conducir. Según Itzjak Abrabanel, este conductor tenía que ser valiente para indicar el camino y no como un cordero que sigue a su pueblo, ya que por el contrario, éste debía marcar rumbos para su pueblo.

Y quizá el dato que más nos llama la atención es que, al momento de designar al continuador de la obra de Moshé, no haya aparecido el nombre de sus hijos en absoluto. Los hijos de Moshé no son tenidos en cuenta para heredar el liderazgo de su padre, y es sobre Ioshua en donde la conducción recae.

Cuenta el Midrash (Bemidbar Rabá) que Moshé le insinuó a Ds que sus hijos tenían el derecho de heredar la conducción del pueblo, de igual manera que las hijas de Tzelofjad habían podido heredar las tierras que les correspondían. Sin embargo, D’s le contestó a Moshé que sus hijos no se habían ocupado de estudiar Torá, y que era Ioshua quien le había sido fiel siempre, y por esta razón era él quien debía ocupar el lugar del nuevo líder.

Y en este Midrash es donde podemos aprender y comenzar a entender lo que nuestros Sabios quisieron decir con: “mantente dispuesto a estudiar Torá, pues no te es dada como una heredad” (Abot 2:17). Moshé finalmente comprendió que el liderazgo no podía ser dado a sus hijos por el solo hecho de que él era su padre. Y como el Midrash dice, los hijos de Moshé no se ocuparon de estudiar la Torá, ni estaban comprometidos personalmente con el mensaje, los valores y las ideas centrales del pueblo de Israel.

Así como Moshé comprendió que la conducción no se podía heredar, es como hoy nosotros debemos comenzar a entender que no es solo por herencia que debemos estudiar Torá y cumplir Mitzvot. Si seguimos el camino que nos marca la idea de haber heredado todo lo que tenemos, estaremos afirmando que nuestra única relación con lo que cumplimos es debido a que ‘así lo hacían nuestros antepasados’.

Nuestras vidas solo podrán llenarse de sentido cuando podamos entender que es necesario nuestro compromiso para que eso suceda. No sirve el heredar y repetir de manera sistemática pero descreída prácticas de antaño, sino que debemos trabajar por renovar día a día nuestra identidad. Solo podremos forjar una identidad judía fuerte si a diario nos ocupamos de ir colocando ladrillos, consolidando los cimientos de nuestro ser.

Moshé vivió su vida construyendo. Ioshua también. Y fue gracias a construir cotidianamente que pudo ser él el encargado de la conquista de la tierra de Israel. Solo cuando construimos podemos aspirar a concretar nuestros sueños e ideales. Ladrillo a ladrillo, paso a paso, sin apurarnos, tomando solo lo que podemos sostener, en un proceso largo, pero siempre continuo. Es este el desafío al cual nos enfrentamos en esta semana.

Que podamos entonces hacer de nuestro judaísmo, no solo el resabio de una heredad milenaria, sino el compromiso de un pacto que se renueva día a día.

Shabat Shalom

Fuente: “Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe”, Pinjas 5769, http://ujcl.org/Ujcl/?p=373