Pekudei – 5776

Es la última sección del libro de éxodo y continuación de la tarea iniciada en la sección anterior. El establecimiento del mishkán en el desierto.

En este texto se repiten una vez más los detalles ya mencionados en las secciones anteriores de la Torá vinculados a los preparativos y a la construcción del mishkán.

Hay muchos datos y pormenores de cada uno de los elementos del santuario, materiales y formas, que sugieren la función central que ocupará el mishkán en el ritual religioso.

Ritual y espiritualidad son las palabras que sin ser pronunciadas vienen a nuestra mente durante la lectura.

La espiritual está vinculada al reposo de la Shejiná, la Presencia Divina.

Parece ser que hasta el establecimiento del santuario existía una separación entre el cielo y la tierra:

Los cielos son los cielos de Adonai; Y ha dado la tierra se la he dado a los hijos de los hombres” (Salmos 115:16)

Con el establecimiento del mishkán se instaura un puente entre el cielo y la tierra. Este puente invita a la plegaria y al diálogo. A unir el cielo y la tierra como continuación de aquella experiencia única e irrepetible en Sinaí.

El mishkán será de ahora en más el lugar desde el que Dios hablará a Moshé. Allí recibirá las instrucciones para transmitir a los hijos de Israel.

Así como el monte Sinai fue el lugar de la revelación y la entrega de los diez mandamientos, la residencia del Arca de la Alianza en el mishkán, será el lugar donde continúe la transmisión y el coloquio.

El santuario será el lugar en el que morará la Presencia Divina iniciando así una nueva etapa.

El mishkán inaugura una nueva era en la cual Dios estará en la tierra y morará en medio de Israel.

Con la terminación de este gran proyecto efectuado por los hijos de Israel, Moshé los bendice:

”Y vio Moisés toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Adonai había mandado; y los bendijo” (Éxodo 39; 43).

En la Torá no aparece la bendición que recibieron, pero de acuerdo al midrash, Moshé les dijo:

Sea la gracia de Adonai nuestro Dios sobre nosotros. Establece también sobre nosotros la obra de nuestras manos, Si aprueba la obra de nuestras manos” (Salmos 90:17)

Este versículo pertenece al capítulo de los salmos que comienza con las palabrasPlegaria de Moshé varón de Dios”

Moshé declara de algún modo que este será la casa de Dios en la tierra.

Antes Dios establecía la relación con el hombre en forma magnánima y repentina revelándose en el fuego, la nube la zarza o el monte.

De aquí en más la propuesta es un lugar de santidad que promueve el vínculo y la relación de Dios con su pueblo.

Hay un midrash que enseña sobre la luz de la Menorá, formulando la pregunta:

¿A quién ilumina la Menorá?

En el desierto los hijos de Israel le dijeron a Dios: nos ordenaste encender la Menorá,

¿Acaso necesitas de nuestra luz? Si Vos mismo Sos la luz del universo, Vos creaste el sol que es tan solo uno de tus astros y ni siquiera podemos mirarlo directamente sin enceguecernos. Así también el rayo, las estrellas y todas las luminarias.

Entonces Dios les respondió: Así es, no es que Yo necesite de vuestra luz. Simplemente les indiqué encender la Menorá para que ilumine vuestros ojos y vuestros corazones hacia Mi Torá.

Creo que el mensaje de esta leyenda milenaria nos enseña, que más allá de la trascendencia de Dios en tiempo y espacio, la asignación y el establecimiento del ritual en el mishkán para la espiritualidad, nos guían e iluminan para perpetuar el diálogo con Dios y quizás acercar Su presencia a la tierra.

Shabat Shalom uMeboraj!