La comunidad judía de Palermo

Parashat Vaikrá

Shabat Zajor – ¡Recuerda!

Por Nora J. Kors de Sapoznicoff

Este es el segundo de los cuatro shabatot especiales antes de Pesaj, Shabat Zajor. Es justo el anterior a la festividad de Purím.

Se caracteriza porque se lee como maftir (lectura de la Torá previa a la lectura de la Haftará), unos versículos diferentes a los de la parashá de la semana. Esta lectura corresponde al libro de Debarím – Deuteronomio (25:17 – 25:19) y comienza con la orden “zajor” – “recuerda”.

“Recuerda lo que te hizo Amalek en el camino cuando salieron de Egipto. Cómo te salió al encuentro en el camino e hirió a los rezagados entre los tuyos, a todos los débiles que se atrasaban estando tú sediento y cansado; y (Amalek) no tuvo temor de Dios. Y cuando el Señor, tu Dios, te dé descanso de todos tus enemigos alrededor, en la tierra que el Señor, tu Dios, te da por herencia para poseerla, borrarás (destruirás) la memoria de Amalek de debajo del cielo. No lo olvides.”

“No lo olvides”.

La orden Divina es clara y los motivos también. Pero ¿Cuánto debemos recordar? ¿Por cuánto tiempo?

La Torá no fija un límite. Pero después de leer esto, nos encontramos con el texto de la Haftará, que también este shabat es diferente a la que se leería después de la Parashá (este año Vaikrá). Esta Haftará nos presenta el momento en que llegó el tiempo de actuar en consecuencia. Dios decide castigar a Amalek por lo que había hecho a Israel y le ordena al rey Shaul que vaya y ataque a Amalek y que lo destruya por completo. Que destruya todo, todas sus pertenencias, a todas las personas de todas las edades, a todos sus animales. Todo el relato es dramático, desde la orden, que hoy nos resulta aterradora, hasta su desenlace.

Shaul reúne a sus soldados y les advierte a los Keinitas, que habían tenido misericordia de los hijos de Israel cuando salieron de Egipto, que salgan de entre los de Amalek para que no cayeran junto con ellos.

El rey no cumple por completo la orden de Dios, dejan vivo a Agag, rey de Amalek, y traen como botín lo mejor del ganado.

Diós se enfurece y le dice a Shmuel que se arrepiente de haber elegido a Shaul como rey, porque había desobedecido su palabra. Shmuel implora a Dios por Shaul, pero finalmente va a informarle esto que le había dicho Adonai.

Lo primero que hace Shaul es decir que cumplió con la orden que le había dado Dios, pero al verse expuesto busca excusas, minimiza los desvíos a la palabra Divina y dice que se vio presionado por el pueblo. Trata de liberarse de la responsabilidad. Pero Shaul era el rey.

Todo este relato es penoso. Shaul había sido un buen rey y es castigado severamente por incumplir una orden tremenda que hoy nos parece inhumana, incivilizada. Pero no lo pensemos literalmente al día de hoy. ¿Acaso Shaul tuvo piedad al salvar solo a Agag? Piedad y justicia mostró frente a los Keinitas. Agag era un rey, como él, tal vez se estaba imaginando en el lugar de Agag y obró como le hubiese gustado que lo hicieran con él. ¿Y con el resto del pueblo? Ya escuchamos a Abrahám negociar con Dios para que no destruyera a Sdom y Hamorá, no es lo que hace Shaul.

Por otro lado, se llevaron como botín lo mejor de los animales cuando la orden era no llevarse nada, destruir todo. ¿Qué sentido tiene? ¡Son animales! ¿Por qué no aprovecharlos?

Tal vez en todas estas preguntas encontremos la esencia del mandato Divino. No se nos incita al rencor, pero no debemos olvidar de dónde venimos y cuál fue el camino que recorrimos. Quienes nos ayudaron y quienes intentaron destruirnos.

Debemos valorar y preservar lo que es bueno y desterrar y eliminar lo que es malo. No debemos sacar provecho de aquello cuyo origen es perverso, porque podría ser que se viera con buenos ojos o se permitiera o se pensara que es lícito un poco de maldad si después se puede sacar provecho. ¿Cuál sería el límite? Dios no quería que se confundieran las cosas. Destruir por completo a Amalek no llevaba otro fin que desterrar el mal, por eso no debían llevarse ningún botín, ni obtener otro beneficio que el propio de liberarse de la fuente de malicia.

Amalek representa a la malignidad en su mayor expresión.

El texto es durísimo y muestra un límite hasta donde se puede permitir la transgresión, porque somos humanos y nos equivocamos, pero hay un límite. No se debe disimular los actos de conveniencia personal con falsa benevolencia. No podemos aceptar rédito a partir de la inmoralidad, aunque se disfrace causa noble.

Se acerca Purím, fiesta de disfraces, historia de maledicencia, maldad encubierta y verdad encubierta, amenaza de muerte y, finalmente, salvación. La vida nos enfrenta permanentemente a estas cosas, pero debemos buscar siempre la verdad y el bien.

La orden es recordar “zajor” el qué y el por qué y el desafío, descubrir para qué.

¡Shabat Shalom!