La comunidad judía de Palermo

Parashat Vaiejí

Vaiejí – ¿Podemos crecer?
Por  Dr. Deborah Miller

Las relaciones familiares a menudo son complicadas, pero la familia de Iaacov es un lío particularmente confuso. En la parashá de esta semana, la historia tiene indicios y ecos de décadas, enredos de una dinámica familiar. Vemos esto en dos escenas particularmente problemáticas en esta parashá. Ambas escenas ilustran la verdad de William Faulkner de que «el pasado nunca está muerto. Ni siquiera es pasado”. Y en esta historia, vemos cómo el pasado se filtra hacia el futuro.

Tomemos las dos escenas fuera de orden: la primera a considerar se acerca al final de la historia. Después de que Iaacov muere, sus hijos envían un mensaje a su hermano, Iosef, a quien habían conspirado matar cuando él tenía 17 años, y al que vendieron en cautiverio egipcio. Posteriormente, Iosef se convirtió en la segunda persona más poderosa de Egipto, y usó su poder para salvar a su padre y hermanos y sus familias del hambre y la miseria, colocándolos a ellos y su considerable ganado en un buen lugar en Egipto.

Y sin embargo, 17 años después, de que Iaacov muere, los hermanos dicen:
«¿Qué pasa si Iosef todavía guarda rencor contra nosotros y nos devuelve todo el mal que le hicimos?». Así que le enviaron este mensaje a Iosef: «Antes de su muerte, su padre dejó esta instrucción: ‘Así dirás a Iosef «Perdona, te ruego, la ofensa y la culpa de tus hermanos que te trataron tan severamente». Por lo tanto, perdona la ofensa de los siervos del Dios de tu padre. «Y Iosef estaba llorando mientras le hablaban”  (Gén. 50 15–17)
Hay muchas maneras de entender estas lágrimas. Una forma es que Iosef está abyectamente decepcionado en su relación con sus hermanos. Después de todo este tiempo, y después de todo lo que él hizo para sostenerlos, todavía no confían en él.

Hay otro estrato posible. Lo que realmente quiere es que sus hermanos lo acepten como un hermano, y de su mensaje se desprende claramente que todavía lo ven unidimensionalmente: él es la antigua víctima de su intento de homicidio, que ahora tiene el poder de vengarse. Siendo que él fue víctima una vez, ahora están preocupados de ser sus víctimas. No hay forma en que sean iguales. Su forma de relacionarse es completamente jerárquica y se basa enteramente en el poder.

Y hay otra dimensión más. Los hermanos demuestran que no han crecido en todos los años que pasaron. En contraste, Iosef creció. Hace mucho tiempo dejó de ser el niño mimado, e incluso el visir manipulador. Sin embargo, los hermanos todavía están atrapados en sus viejas historias, con su visión cegada.

La otra historia, mucho más poética, es la larga sección en la que Iaacov predice el futuro de los hermanos (Gen 49: 1–27). Aquí, nuevamente, muchas de las predicciones más duras se basan en las acciones previas de los hermanos dentro de la familia. En opinión de Iaacov, no hay crecimiento más allá de esos incidentes.

No sabemos si, de hecho, los hermanos cambiaron su comportamiento en los años en que algunos de ellos hicieron cosas verdaderamente atroces: Reubén se acostó con una de las esposas de Iaacov (35:22); Shimón y Levi destruyen una ciudad entera (34: 25–29). Pero Iaacov tampoco prevé ninguna posibilidad de desarrollo futuro. Y parece que está enviando a las próximas generaciones de estos hijos, sus propios nietos y bisnietos, a la furia de sus maldiciones. Esto nos ayuda a entender a los hermanos. Ellos son como Iaacov.

En esta familia, la Torá nos brinda dos formas diferentes de ver el mundo: podemos decir: “Siempre fuiste. . . ” y cortar las vías de crecimiento, el deseo de crecimiento y la percepción de crecimiento. Ese camino me parece muy griego: una vez que los destinos hayan decidido quién eres, ese es tu destino. No hay forma de salir de esto.

Recientemente le pregunté a mi nieto, Zeke, si él pensaba que las palabras negativas de Iaacov eran predicciones o maldiciones. Zeke, quien cursa el primer año en la universidad, dijo que si Iaacov dieron lugar a la reflexión y el cambio, estas predicciones negativas podrían haberse convertido en bendiciones.

El estilo de Zeke es más parecido a la manera en que Iosef ve el mundo: a lo largo de sus interacciones con sus hermanos, Iosef dio oportunidades para que sus hermanos cambien; demostró cambio él mismo; y animó a otros a ver el mundo de esa manera. Creo que es por eso que se le llama «Iosef Hatzadik» – «Iosef, el justo». ¡Tal vez deberíamos aspirar a ser los hijos de Iosef, en lugar de los hijos de Israel!

Pero hay un poco de consuelo en el hecho de que llevamos el nombre de Iaacov / Israel. A pesar de todos los defectos y fallas de Iaacov, Dios está siempre con Iaacov. En cada transición, en cada desafío, está Dios, alentándolo. Me consuelo en este hecho. Si Dios puede querer a Iaacov, ¡Dios también puede querernos! Quizás, después de todo, estemos bien nombrados como «los Hijos de Israel».

Shabat Shalom!

Fuente: Vayehi – Can we grow? By Deborah Miller, Publicado el  29 de diciembre de 2017 / 5778.
http://www.jtsa.edu/can-we-grow
Traducción: Nora J. Kors de Sapoznicoff