La comunidad judía de Palermo

Parashat Vaiakel

Parashat Vaiakel, un mundo ideal

Por Nora J. Kors de Sapoznicoff

Esta parashá relata el sueño dorado de cualquier dirigente comunitario.

Comienza así: Moshé hizo reunir a toda la congregación de los hijos de Israel y les dijo: “Estas son las cosas que Adonai ha mandado que hagan: ‘Seis días trabajarás; pero el séptimo día será para ustedes sagrado, (Shabat Shabatón) sábado de reposo consagrado a Adonai. Todo el que haga algún trabajo en él morirá”. (Éxodo-Shemot. 35:1-3)

Esta orden ya había sido dada en Éxodo 31:15 y se repite más adelante en Levítico-Vaikrá 23:3. Éste mandato da inicio a una serie órdenes al pueblo, que responderá de un modo asombroso.

Moshé continuó hablando al pueblo, diciendo: “Esto es lo que Adonai ha mandado: Tomen de entre ustedes una ofrenda para Adonai. Todo hombre de corazón generoso traiga una ofrenda… oro, plata, bronce, material azul, púrpura, carmesí…” (Ex. 35:4-9) y sigue un detalle minucioso de cada uno de los objetos de ofrenda.

Pide a todo hombre que sea sabio de corazón “venga y haga todas las cosas que Adonai ha mandado” y detalla también cada una de las partes, utensilios y accesorios: para el arca, el altar y las vestiduras sagradas del sacerdote y de sus hijos.

Entonces toda la congregación de los hijos de Israel “salió de la presencia de Adonai. Y todo aquel a quien lo impulsó su corazón y todo aquel a quien su espíritu lo movió a la generosidad trajo la ofrenda de Adonai”

” Tanto hombres como mujeres, toda persona de corazón generoso vino trayendo prendedores, aretes, anillos, collares y toda clase de objetos de oro. Todos presentaron a Adonai una ofrenda de oro”. Todos llevaron y entregaros de sus posesiones más preciadas.

“Además, todas las mujeres sabias de corazón hilaban con sus manos y traían lo hilado: material azul, púrpura, carmesí y lino” y “todas las mujeres cuyo corazón las impulsó con sabiduría tejieron pelo de cabra”.

Todos los hombres y mujeres, incluidos los jefes, “cuyo corazón los movió a la generosidad para ofrendar para toda la obra que Adonai había mandado por medio de Moshé que se hiciera, trajeron una ofrenda voluntaria a Adonai”.

Entonces Moshé anuncia que “Bezalel, Aholiav y todos los sabios de corazón en quienes Adonai ha puesto sabiduría y entendimiento para saber hacer toda la obra de la construcción del santuario, harán todas las cosas que ha mandado Adonai”.

Pero sucedió una cosa maravillosa, como el pueblo continuaba trayendo ofrenda voluntaria cada mañana, todos los artesanos que hacían toda la obra del santuario hablaron con Moshé diciendo:

“El pueblo trae mucho más de lo necesario para llevar a cabo la obra”

Entonces Moshé mandó a decir en el campamento que “Todo hombre o mujer que no hagan más trabajo para la ofrenda del Santuario; y se abstuvo el pueblo de traer”.

“Porque el producto de la ofrenda les resultó suficiente para toda labor que habrían de hacer, y sobraba”. ¡Sobraba!

La parashá continúa con una descripción al detalle más ínfimo de la construcción y cada uno de los objetos, incluyendo los materiales, las cantidades, todo.

Llaman la atención varias cosas, una es el hincapié que se hace a la generosidad y la entrega de corazón, voluntaria, de todos los que entregaron sus ofrendas, que por otro lado, fueron todos, hombres y mujeres de todas las jerarquías. También que las obras fueron realizadas por hombres y mujeres que poseían la sabiduría para hacer cada quien lo suyo. Sabiduría que había provisto Dios, pero que ellos tuvieron la generosidad de espíritu para realizar la tarea. Tanta fue la generosidad que ¡hasta dieron más de lo necesario!

Es impresionante el detalle con que se describen las cosas, está claro que Dios no quería dejar al criterio de cada uno cómo debían quedar el santuario y todos y cada uno de los objetos que servirían para el culto, aún las ropas de los sacerdotes. Esto facilitaba la obra, pero también evitaba discusiones. Dios lo quería así y así lo ordenaba. Mucho detalle, muchas palabras, evidentemente era algo muy importante y se le debía prestar mucha atención.

Antes de esta orden con todos sus detalles, está la primera, mucho más breve “Seis días trabajarás; pero el séptimo día será para ustedes sagrado…”, en Ex. 31:15 termina diciendo que “Todo el que trabaje en el día de Shabat, morir habrá de ser muerto (Mot Iumat)”, más adelante, en Ex 35:2 “Todo el que trabaje, morirá (Iumat)” y en Lev.23:3 no habla de muerte. ¿Bajó la severidad con el tiempo? ¿Perdió importancia?

Nada de eso, el shabat es la esencia, muchas veces escuchamos la frase “Más que el pueblo judío cuidó al Shabat, fue el Shabat quien cuidó al pueblo judío” (Ajad Haam). Toda la obra magnífica del santuario carecería de sentido si no tuviera un objetivo más elevado que el simple hecho de hacer algo hermoso y admirable.

Se podría pensar que el pueblo actuó con celeridad y abundancia por temor a un castigo severo, como la muerte, tal vez por eso aclara una y otra vez el grado de generosidad de corazón. Esta generosidad llevó a la realización de una obra que era el medio para transmitir lo que era esencial y reconocer la santidad Divina.

En esta parashá descubrimos muchas cosas, el potencial del trabajo en equipo; la necesidad de la contribución generosa de todos, sin distinción, para lograr un objetivo común; la importancia de que las obras sean hechas de corazón y con sabiduría; que el shabat es fundamental y no es solo un espacio vacío en el tiempo.

El pueblo se unió para construir una tienda de reunión, su contenido era mayor que todo lo material.

Dios quiera que encontremos en y entre nosotros toda esa generosidad y podamos seguir construyendo y sosteniendo nuestro “santuario”, para cuidar al shabat, nuestras tradiciones y cuidar así nuestra continuidad.

¡Shabat Shalom!