La comunidad judía de Palermo

Parashat Tetzavé

Por Rabino Daniel Kripper

¿Cuál fue el período más feliz de la historia del pueblo judío en tiempos bíblicos? Algunos de los más señalados serían por cierto el Éxodo de Egipto, o el tiempo de seguridad bajo el rey David o el próspero reinado de Salomón.

Sin embargo hay un sabio del Talmud que sugiere que la época más feliz pudo haber sido los meses en que el pueblo construyó el Mishkán o Tabernáculo portátil y sus accesorios en el desierto. ¿Y cuál es la razón de esta inmensa e inusitada dicha?

Pues en ese entonces la nación entera fue inspirada con un propósito común, y cada uno aportó lo mejor de sí. Todo el mundo se movilizó en aras de este significativo proyecto. Los orfebres y los herreros, los tejedores y los tintoreros, hombres y mujeres. Aun los no especializados se sintieron llamados a realizar sus contribuciones.

El resultado quedó a la vista, en ofrendas de oro y plata, metales, maderas, tejidos, pieles y piedras preciosas.

Los donativos superaron toda expectativa, al punto que hubo que solicitar a la gente que cesen de traer materiales adicionales.

Se trató de la más exitosa campaña de fondos de la historia, tan exitosa, que llegó a impresionar y conmover a los mismos organizadores…

No es pues casual que se considere a ese tiempo como un período ideal de elevación de la comunidad toda alrededor de un objetivo colectivo, con el cual cada uno se sentía personalmente identificado e involucrado. Se trató sin duda una “experiencia cumbre” de la vida de la comunidad, que quedó grabada en lo más recóndito del alma del pueblo a través de los siglos.

Este glorioso capítulo nos llama a reflexionar sobre la importancia de descubrir en nuestras vidas alguna habilidad especial, y poder manifestarla como un medio de realización personal.

De algún modo cada uno posee algún don o talento únicos, así como cada uno posee sus propias y únicas huellas digitales.

Es primordial por lo tanto identificar estas capacidades innatas, y aplicarlas creativamente en el mundo, afirmándolas en vez de ignorarlas o postergarlas, sea por falsa modestia o cualquier otro pretexto.

¿Acaso no es este actuar la mejor forma de dar de retorno al Universo, contribuyendo así con nuestras aptitudes al mayor número de personas?

Por otro lado está comprobado que, psicológicamente, reprimirlas y abstenerse de expresarlas lleva a sentimientos de frustración y fracaso; por el contrario, ejercitarlas y desarrollarlas es un permanente desafío humano.

Y lo más importante: al desplegar nuestras potencialidades no sólo beneficiamos a otros, sino que nos ayuda en el proceso de auto perfeccionamiento interior.

Cada uno elegirá el espacio más apropiado para servir al más alto nivel posible, y estar a altura de nuestra responsabilidad espiritual.

La sinagoga, como el Tabernáculo de tiempos pasados, brinda un marco con ilimitadas oportunidades de realizar mitzvot, o acciones positivas. Hay quienes lo cumplen en su círculo familiar o en sus respectivas ocupaciones profesionales.

Cada día somos convocados a una tarea sagrada, reflejando nuestra singularidad, proyectándola en actos de corazón, mente y manos, aumentando así la Luz y la Bendición en el mundo

Fuente: “Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe”, Tetzave 5776, https://ujcl.org/Ujcl/?p=4503