La comunidad judía de Palermo

Parashat Shmot – 5778

EL DISEÑO DEL DESTINO

Por Rabino Alejandro Avruj

Parashat Shmot Éxodo 1:1 – 6:1

El Libro de Shmot es sin dudas, un viaje. Como si fuese una pintura, una obra de arte en sí misma, comienza con un viaje, y termina con otro.

En la primer Parasha, vemos el inicio del viaje de los “Benei Israel” 1 – “Los hijos de Israel” 2 -, desde Canaán bajando a Egipto. El Libro finaliza siglos después, con ese grupo de familias transformado en “Beit Israel” – “La Casa de Israel” – regresando en sus marchas nuevamente hacia la Tierra de promesa.

“Shmot” significa “Nombres”, el texto nos indaga acerca de lo que somos, de cómo nos definimos, y de lo que podemos llegar a ser en el viaje propio.

Empezamos siendo y llamándonos “Hijos” (Benei Israel), único título que compartimos con todos los seres humanos. Pero el viaje que comienza al nacer, nos llama a construirnos, a edificarnos (Beit Israel), para transformarnos en todo lo que podemos llegar a ser.

El nombre, la identidad, el ser, la misión, son las palabras claves de nuestra Parashá. En la revelación divina en la zarza ardiente, hasta el mismo Di-s es indagado sobre su Nombre. Frente a la zarza, Moisés le formula dos preguntas a ese Di-s que acaba de conocer:

1. ¿Cuál es Su Nombre?, y

2. ¿Quién es él (Moisés) para llevar adelante semejante misión?

Di-s responde la primer pregunta diciendo: “Eheie asher Eheie” – “Seré el que seré”. Di-s mismo se define en constante evolución. Al igual que Él, somos un devenir, una oportunidad, un desafío de trascendencia. La vida no es solamente un viaje, nosotros somos el viaje. Hacia la promesa de lo que podemos llegar a ser.

Y la segunda pregunta Di-s la responde diciendo: “Ki Eheie imaj” – “Yo estaré (Eheie) contigo”. Moisés tiene miedo de lo imprevisible que le depara su futuro. La misión, el viaje personal, no será fácil. El desafío de transformación del potencial individual no es sencillo. Las situaciones a atravesar para llegar a nuestras mañanas serán complejas. Pero si logramos sentir que “Eheie” la potencia de crecimiento divina, está con nosotros, la vida no será entonces solo un viaje. Sino una peregrinación sagrada hacia nuestros propios destinos.

De Canaan a Egipto, y de allí a la Tierra Prometida, el camino será un desierto. Nos avisan antes de comenzar, que no será nada fácil. Dice Bernard Shaw que el desierto está desierto, porque ese es un lugar donde solamente sale el sol. En los lugares donde siempre sale el sol nada puede crecer, nada puede nacer. Se necesita de la lluvia y de la noche para que la tierra se transforme en vida. Cuando todo es sol, no logramos valorar todo lo que realmente somos y tenemos. Lo inmensamente ricos que somos por el solo hecho de estar atravesando el desafío de llegar a ser. Los tiempos de oscuridad y lluvia son parte del viaje. Está también en nuestras manos transformar el viaje en un desierto, o ver esos tiempos como una puerta hacia la sabiduría, para crecer, y entonces, renacer. El Rebbe miró a sus discípulos y les preguntó:

“Hay una escalera con 50 peldaños. Un hombre está en el peldaño número 25, y otro en el peldaño número 10. Díganme, por favor, ¿Cuál de los dos está más alto?”

Los alumnos se preguntaron si su maestro había enloquecido: “Por supuesto que aquél que está en el escalón numero 25!”, dijeron.

“No, hijos míos” dijo el Rebbe. “Todo depende de qué dirección estén tomando”.

La vida es una peregrinación sagrada. Somos el viaje. Somos un proyecto de trascendencia.

Podemos sentir la energía transformadora dentro nuestro para transformar nuestros desiertos, en destinos llenos de promesa.

Fuente: “Un acercamiento al libro del ÉXODO | SHMOT – Reflexiones actuales desde el judaísmo y el cristianismo”, – 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires : SAB Libros, 2014. (pag. 14), http://www.buenosaires.gob.ar/sites/gcaba/files/libro_exodo.pdf