La comunidad judía de Palermo

Parashat Reé

Por Rabina Lauren Eichler Berkun

“ATENCIÓN POR FAVOR: En caso de un cambio de presión en la cabina, primero colóquese la máscara de oxígeno usted mismo y después ayude al niño sentado a su lado. Este anuncio de las líneas aéreas siempre me ha incomodado. Es difícil imaginarse que en medio de una crisis, un padre dejaría sufrir a un niño mientras se ocupa de sus propias necesidades. Sin embargo, la sabiduría práctica de estas instrucciones nos enseña que hay momentos en que debemos preocuparnos primero por nosotros, a pesar de nuestros mejores instintos.
La parashá de esta semana también nos invita a reflexionar sobre el delicado balance que existe entre cuidar a otros y cuidarnos a nosotros mismos. Mientras que el Capítulo 15 del Deuteronomio explora la mitzvá de proveer al pobre, la Torá presenta un mensaje paradójico. Al principio, la Torá proclama que “no debe de haber en medio de ti menesteroso alguno (Deut. 15:4), siempre y cuando los israelitas observen los mandamientos de Dios de hacerse cargo de los pobres. Sin embargo, siete versículos después, la Torá dice: No dejará de haber menesterosos en la tierra; por lo mismo Yo te mando diciendo: Ampliamente has de abrir tu mano a tu hermano, es decir, a tu pobre y a tu menesteroso en tu tierra (Deut. 15:11). En un intento de resolver esta aparente contradicción, los comentaristas interpretan el primer enunciado en una forma fascinante. Debido a la extraña forma del versículo, no debe de haber en medio de ti menesteroso alguno, los rabinos interpretaron este pronunciamiento como una referencia al individuo: no debe de haber en ti una persona menesterosa. En otras palabras, la Torá nos ordena evitar nuestra propia pobreza. Como enseñaba Rav Iehudá en nombre de Rav: El versículo declara: En ti no debe de haber un menesteroso (Deut. 15:4). Esto enseña que nuestras preocupaciones financieras tienen prioridad sobre las de cualquier otra persona (Baba Metzia 33a).
La mitzvá de proveer a nuestra propia seguridad financiera tiene muchas aplicaciones diferentes en la ley judía. En lo que respecta a la tzedaká, está prohibido empobrecerse uno mismo dando donaciones extremadamente generosas. El Talmud fija el límite para la máxima contribución caritativa en un veinte por ciento de la propia riqueza (Ketubot 50a. Además, la ley judía sugiere que la caridad comienza por casa: La Torá ordena que los necesitados de su hogar van primero, después los pobres de la ciudad, y ellos tienen a su vez prioridad sobre los pobres de otra ciudad. El Rabino Saadia escribió que una persona debe anteponer su propia subsistencia, y no estará obligado a dar caridad a otros hasta que no haya proveído a los suyos propios (Tur, Ioré Deá 251).
Esta estrategia judía de dar prioridad a uno mismo para después dar a los que están más ceca en parentesco y en ubicación, puede parecer dolorosamente obvia para el judío moderno americano. Podríamos argumentar que en la sociedad americana, hemos enfocado toda la atención en la auto-preservación hasta límites poco saludables. Los rabinos en realidad no dedican sus sermones a aleccionar a sus fieles sobre la importancia de anteponer las necesidades propias y de evitar la generosidad excesiva. En esta cultura, el deseo de amasar más y más riquezas crea en nosotros la ilusión de pobreza relativa. ¿Tengo alguna vez suficiente para mí y para mi familia como para darle a otros? Especialmente en esta época de tanta volatilidad en el mercado, el miedo por nuestra seguridad financiera futura podría prevenir que muchos de nosotros practicáramos la caridad.
De aquí que el Talmud ofrezca un balance importante en su mensaje de preocupación por uno mismo.
Mientras que Rav enseñó que las preocupaciones financieras propias siempre preceden a las de cualquier otro, también terminó con una advertencia:
“Pero quienquiera que establezca esto (una forma de vida) para sí mismo caerá, al final, en la pobreza. (Baba Metzia 33a)
Según Rashi, una persona que tema constantemente por su propia pérdida echará al olvido el yugo de guemilut Jasadim y tzedaká. Cuando nos creemos exentos de la obligación de practicar la caridad, estamos destinados a una vida empobrecida. De hecho, Iosef Caro, el gran codificador legal del siglo XVI, escribió que todo el mundo está obligado a dar tzedaká. Aún la persona indigente mantenida por caridad debe dar de lo que se le ha dado (Shulján Arúj, Ioré Deá, 248).
Sin embargo, a pesar de estas advertencias rabínicas en contra del comportamiento egocéntrico, creo que la Torá todavía nos da un mensaje poderoso cuando enseña que no debe de haber en ti una persona menesterosa (evión) (Deut. 15:4). La elección del lenguaje es instructiva. La palabra hebrea usada en este versículo para referirse a una persona necesitada, evión, no es la expresión más común para referirse a una persona pobre (ani). Rashi explica la etimología de la palabra evión a partir de la palabra hebrea taavá, anhelo o deseo. Así pues, según Rashi, un evión es alguien que anhela todo.
El verdadero peligro de vivir con un sentimiento de anhelo permanente es que nos sentimos privados de la habilidad de dar abiertamente a los demás. Cuando se nos agotan nuestros propios recursos, somos incapaces de proveer a aquellos que nos rodean. Un rabino que no se preocupa de sus propias necesidades será incapaz de enseñar e inspirar a otros. Un médico que no cuida su propia salud carecerá de la fuerza para curar al enfermo. Un padre que no encuentre plenitud y significado en su propia vida no podrá enriquecer ni guiar a sus hijos.
La Torá nos manda evitar convertirnos en evión; una persona que anhela siempre todo. El propósito de esta mitzvá no es evitar convertirnos en personas generosas; construir una barricada entre nosotros y el mundo y asirnos con avaricia a lo poco que tenemos. Creo más bien que la Torá nos estimula a enfrentar esos anhelos dentro de nosotros, para que podamos ser cada vez más generosos con aquellos que nos rodean.
En este Shabat, preguntémonos por la pobreza que hay en nuestras vidas. ¿Quisiéramos tener más tiempo de calidad para dedicarle a los amigos? ¿Quisiéramos tener una conexión personal más profunda con Dios a través de la oración y el estudio? ¿Quisiéramos tener más energía y salud a través del ejercicio y la meditación? Tal vez al enfocarnos en nuestro ser de esta manera, y al atender nuestros deseos personales, tendremos mucho más que dar a nuestra familia, a nuestra comunidad y al mundo en general.
Shabat shalom
Fuente: “Unión Judía de Congregaciones de Latinoamérica y el Caribe”, Reé 5762, https://ujcl.org/Ujcl/?cat=56&paged=7