La comunidad judía de Palermo

Parashat Lej Lejá

Bereshit 11:1-17:27
Por Rabino Marcos Edery Z’L

La Torá es reconocida como el libro que ha marcado el destino del pueblo de Israel.

Prácticamente casi toda la literatura creada y escrita por judíos, siglo tras siglo, no es más que el estudio y la interpretación de la misma Torá.

Ahora bien, en los capítulos anteriores – once en total – no hay ninguna referencia al pueblo de Israel excepto la del nacimiento de Abraham.

Es por eso, probablemente, que el comentarista Abarbanel dice que en la Torá existen tres comienzos. Efectivamente podemos distinguir tres etapas siguiendo la senda abierta para nosotros por él. Y estas son: “Adam” – comienzo de la humanidad – “Noaj” llamado hombre justo, que sería el comienzo del ser humano enfrentando las serias dificultades que se le presentan como ente moral y ético.  צדיק – tzadik – en hebreo. Y la tercera “Abram, Abraham” como el hombre que llega a la fe en D’s y al amor para con Él que transmitirá a sus hijos Itzjak y Iahacov – patriarcas de Israel-.

La historia del pueblo de Israel nace con una promesa.

La promesa formulada por D’s a Abraham cuando le dice: “A tu descendencia daré esta tierra”. A partir de este momento la tierra de Israel para el pueblo de Israel, en nombre del D’s de Israel serán las columnas que sustentarán toda la historia del pueblo, desde antaño hasta el día de hoy.

Por otra parte esta promesa será la que determinará el carácter del pueblo de Israel.

En la arena de los hechos, la historia de los patriarcas es una educación con paciencia. (Benno Jacob).

Cada gran cosa se desarrollará lentamente y enfrentando obstáculos. Abraham alcanza los cien años antes de ser progenitor de su hijo Itzjak, sin cuyo nacimiento toda la promesa no tendrá razón de ser.

Itzjak por su parte esperará pacientemente veinte años antes que su esposa Rivká dé a luz a su hijo Iahacov.

Iahacov, por su parte, deberá trabajar arduamente durante dos períodos de siete años cada uno antes de desposar a Rajel, madre de Iosef, su hijo preferido.

Más aún, Itzjak habrá de enfrentar su sacrificio (no consumado); Iahacov deberá huir de ante su hermano que busca su vida misma; Iosef durante muchos años fué considerado como muerto por su padre, Iahacov.

En síntesis, la vida de cada patriarca ha consistido en una cadena de demoras angustiantes, juicios y aflicciones.

No obstante y a pesar de estas vicisitudes, Abraham, Itzjak y Iahacov no tienen dudas acerca de su destino o de las promesas Divinas.

 

Fuente: TORAH y  HAFTAROT EN VERSIÓN CASTELLANA, traducción, supervisión, selección exegética, notas y comentarios del Rabino Marcos Edery Z’L, libro Bereshit – Génesis