La comunidad judía de Palermo

Parashat Ki Tisá

Moneda no corriente

Desde pequeños nos enseñan a contar. Con el correr del tiempo, en el ejercicio del desarrollo narcisista, este arte comienza a tomar una nueva perspectiva para llevar control de todo aquello que (supuestamente) nos pertenece. Y aquí aparece la pregunta: ¿Qué contás? ¿Para qué contás? ¿Cómo cuentan los ju
díos? ¿Hay otra manera distinta de contar?

Aparece en nuestra Parasha, de una manera muy peculiar, el pedido de Dios a Moshé de contar a los integrantes del Pueblo: «Dijo Dios a Moshé: cuando hagas un censo de los hijos de Israel, conforme a su número, cada uno dará a Dios una expiación por su alma… Esto darán…» (Shemot 30:11-13)

Al contar, Dios pide que cada uno de algo y de esa forma expíe su alma. ¿Pero por qué era necesario dar algo para contarlos? ¿Por qué eso expiaría sus almas? “Ze Itnu”, esto darán, dice Dios. La Torá no tiene imágenes, infografías ni dibujos. ¿Por qué la Torá usa el término Ze (esto), como si lo estuviéramos viendo? ¿Qué es lo que tenían que dar?

La Torá continúa diciendo que cada persona debía contribuir con ½ Shékel. No importaba el nivel de riqueza o pobreza, todos debían dar por igual. Si bien hoy conocemos el término Shékel, la moneda que aún se usa en todo Israel (si no lo sabías o no te contaron, ese nombre proviene de la Torá… Entorate!), Moshé no estaba tan familiarizado con ese término.

El gran comentarista, Rashi (Rabí Shlomo Yitzjaki, Francia, SXII), explica que Moshé tenía dificultad para entender qué le estaba diciendo Dios. De todas las Mitzvot esta fue una de las más difíciles de comprender (¡y eso que las hay complicadas!).

“Ze Itnu”… Mientras Dios le decía a Moshé “Ze” (esto), le mostraba una visión (¿primer holograma de la historia?) de una moneda cubierta de fuego. Y allí Moshé comprendió todo. ¿Qué quería decir eso?

Tal vez la respuesta sea que la moneda no tenía ningún valor en sí misma, ni tenía el poder de traer el perdón ni la expiación de Dios. Pero lo que sí podía ser un medio para conectarnos con nosotros mismos, con el otro y con Dios era el fuego con el cual estaba envuelta. De algún modo Dios le enseña a Moshé que la materia en sí misma no trae expiación pero el uso que le damos a las cosas, el fuego con el cual cubrimos nuestros bienes y acciones, sí tienen el poder de cambiarlo todo. El fuego, la pasión, la intención y la buena voluntad con las que hacemos las cosas, las convierten en importantes.

Si tus bienes solo sirven para ostentar y empequeñecer al otro, entonces tus cosas están rodeadas de fuegos artificiales.
Si lo que Dios te da para administrar, lo usás para compartir y ayudar, entonces sabés transformar tu casa en hogar y tu vida en un santuario.

Si tus palabras están cubiertas de rencor, de odio, de envidia, entonces el fuego te quema. Pero si tus palabras están envueltas en el fuego de la pasión por la vida, del cariño, de la empatía y del amor abrazador (y no abrasador) que calienta el alma y lo reconforta, entonces el fuego es una fuente de energía positiva.

Que la moneda corriente con la que contemos sea siempre la de la buena energía, aquella que cada Shabat se renueva para darle sentido a nuestras semanas y envuelve con calidez nuestras almas.

Shabat Shalom
Rab. Ioni Shalom