La comunidad judía de Palermo

Parashat Ekev

Una buena ecología hace una buena teología

Por Stephen P. Garfinkel

¿Cómo se compara la lectura de la Torá de esta semana, Parashat Ekev, con la lectura de la semana pasada (Va-etjanan), que incluía nada menos que los Diez Mandamientos y el Shemá? Obviamente, ¡será una cuestión difícil de seguir! Sin embargo, tenga la seguridad de que Ekev también tiene mucho que ofrecernos.

La mayor parte de Deuteronomio comprende varias alocuciones importantes que Moisés le entrega a los israelitas, ya que están listos para entrar en su nueva patria, especialmente porque (como él ha sabido y como descubrieron recientemente) no estará con ellos allí. Por lo tanto, es razonable entender las palabras de Moisés como sus últimos intentos de educar a la gente, exhortarlos a comportarse según los mandamientos de Dios en el futuro, y explicar cuáles serán las consecuencias de sus acciones. Como tal, la lectura de la semana pasada y la de esta semana -que juntas forman la mayor parte del segundo discurso importante de despedida de Moisés a la gente- brindan dos aspectos de un mensaje integral.

En la lectura de la semana pasada, Moisés dio el gran anuncio, los titulares de la página principal complementados con alguna amplificación. Esta semana, continúa al enfatizar y aclarar aún más las consecuencias de las acciones de la gente, en lenguaje e imágenes diseñadas para hacer hincapié en los grandes ideales de los Diez Mandamientos. Ekev fundamenta la teoría en realidades. Está diseñado para enfatizar cómo los principios funcionarán en la práctica, cuando la euforia del recuerdo del Sinaí ha comenzado a desvanecerse, y los Jóvenes de Israel deben enfrentar las responsabilidades diarias de la vida comunitaria como pueblo de Dios en su nuevo entorno. Ekev, como gran parte de Deuteronomio, transmite una teología de gran utilidad uno podría estar tentado a decir grosera-. Si la nación observa las leyes de Dios y permanece fiel al Pacto de Dios, Dios favorecerá a la gente de maneras muy específicas: con la fertilidad humana, animal y agrícola; con salud; y con protección contra enfermedades y enemigos. Por el contrario, si la nación es infiel a Dios o al Pacto, las lluvias no caerán en el momento en que sean necesarias, el producto se marchitará y la gente “desaparecerá de la tierra”.

¿De verdad? ¿Es esa una postura teológica que la mayoría de los lectores de esta columna, iluminados y reflexivos como son, pueden creer en este siglo*? Si violamos Shabat o no observamos el kashrut o no recitamos la liturgia diaria, ¿realmente no lloverá? Quizás muchos de nosotros veamos este pensamiento, simplemente, como una creencia pasada de moda que estaba bien para nuestros antepasados “en aquel entonces”, pero que ya no se sostiene (por así decirlo). Después de todo, ese tipo de teología suena más como soborno, extorsión o incluso magia: mediante la representación de ciertos comportamientos, determinamos las acciones de Dios a cambio.

Sin embargo, un componente esencial de la interpretación judía conservadora y la comprensión de la Torá es evitar la frecuente trampa fácil, pero peligrosa, de la literalidad. Necesitamos apreciar el uso extendido y consciente de la metáfora y la poesía en la Torá y, entonces, tratar de comprender qué tema, valor o concepto puede subyacer a la terminología bíblica específica en el texto que tenemos ante nosotros. Una vez que alcanzamos ese paso, el siguiente desafío para nosotros es volver a traducir ese núcleo esencial en nuevas metáforas que puedan llegar a ser significativas en la actualidad.

Afortunadamente, podemos tomar como punto de partida un comentario hecho por Rashi (siglo XI, Francia) y otros comentaristas clásicos, quienes ven una relación interesante entre Deuteronomio 6 (el primer párrafo del Shemá, de la parashá de la semana pasada) y Deuteronomio 11 (el segundo párrafo del Shemá, de la parashá de esta semana). Ellos se dieron cuenta de lo que parece ser una repetición entre los dos pasajes, pero con una diferencia importante. El capítulo anterior está escrito en singular, mientras que el segundo pasaje está en plural. Quizás el punto es que cuando el grupo, la comunidad, obedece el Pacto, las lluvias llegarán a su debido tiempo y la tierra será fértil. Si es así, ¿cuál podría ser el mandamiento cuyo cumplimiento conduce a ese resultado? Solo podemos especular, por supuesto, pero parece razonable suponer que nuestra responsabilidad (mencionada en los primeros capítulos del Génesis) de “tener dominio sobre la tierra” es relevante. En la medida en que tomemos en serio nuestro papel de administración ecológica, por ejemplo, podríamos ayudar a la naturaleza a seguir su curso “normal”.

La Torá, por supuesto, no entendía la disminución de la capa de ozono, la radiación ultravioleta o el efecto invernadero. Más aun, la Torá no es un libro de texto de ciencia y no fue pensado para ser uno. Sin embargo, la narración de la Torá reconoce que las acciones humanas tienen efectos, incluso efectos globales. Violar nuestra responsabilidad de proteger la tierra parece conducir a una mayor sequía, hambruna y enfermedad. En la medida en que podamos minimizar la destrucción de la capa de ozono al reducir nuestro uso de compuestos clorofluorocarbonados (CFC), ayudamos a que caigan las lluvias en el momento adecuado, ayudamos a permitir el crecimiento adecuado de la vegetación y los animales, y ayudamos a reducir enfermedades tales como cánceres de piel. Las noticias de televisión casi todas las noches nos recuerdan qué son estas, de hecho, preocupaciones muy reales para nosotros.

Finalmente, volvemos a la idea de un comentarista adicional, Najmánides, también conocido como Ramban (siglo XIII, España), quien explica que el milagro de que Dios provea lluvia oportuna, no siempre ocurre. En otras palabras, esto no es automático; no está garantizado Sin embargo, Ramban, filósofo, comentarista y médico, probablemente entendió que nos daríamos la mejor oportunidad de ser bendecidos por Dios al hacer lo correcto y cumplir nuestra responsabilidad comunitaria con la tierra.

Siguiendo la carga de la semana pasada, cada uno de nosotros debe contribuir individualmente para ayudar a reparar el mundo, mediante acciones tales como reducir nuestra huella de carbono, conducir vehículos con excelente rendimiento de combustible y apoyando la legislación diseñada para fortalecer y proteger la capa de ozono. Esta semana, Parashat Ekev nos dice que si todos trabajamos juntos en estos esfuerzos, ayudaremos a Dios a proteger el planeta. Una buena ecología hace una buena teología.

*Lit.: 2012

Fuente: By Stephen P. Garfinkel, Associate Provost and Assistant Professor of Bible and Its Interpretation, Publicado el 11 de agosto de 2012 / 5772. http://www.jtsa.edu/good-ecology-makes-good-theology

Traducción: Nora J. Kors de Sapoznicoff