La comunidad judía de Palermo

Parashat Bejukotai

Nuestra Parashá, la última del libro de Levítico (Vaikrá), comienza con promesas de abundancia:”Si andan en Mis estatutos  y guardan mis mandamientos para ponerlos por obra, Yo les daré las lluvias en su tiempo,  de manera que la tierra dará sus productos…Daré también, paz en la tierra para que duerman sin que nada ni nadie los atemorice…Asimismo eliminaré las fieras dañinas de su tierra, y no pasará espada por su tierra (26:3-6).

¿Quiénes son los que andan en los estatutos y guardan los mandamientos?

En Bejukotai, el énfasis está puesto en cómo transitamos nuestros vínculos sociales, nuestra vida ética, espiritual y los pasos que damos en nuestro camino interior.

Seforno, uno de los comentaristas clásicos de la Torá, lo aclara:”Y si los haces …” se refiere a cumplir con los mandatos, mitzvot, con buena voluntad, no como quienes obedecen para no verse perjudicados, sino como se menciona en Pirkei Avot, (tratado de los padres), como si fuese  por propia voluntad.

La Kabalá nos enseña que una promesa es una energía que viaja en el tiempo, que tomamos prestada del futuro, para materializarla en el presente. Por eso es que nos sentimos bien cuando hacemos una promesa, y por eso es que también una promesa puede solucionar un conflicto. Una promesa no cumplida le abre la puerta al desorden, al caos, de allí que debemos cuidar cuando aún en lo más simple, una promesa vana, como el “mañana te llamo” o” en un mes te pago lo que te debo”, deben decirse sabiendo que lo hacemos con Kavaná, con la intención de hacerlo.

En el judaísmo nos convocan a escuchar, a entender, a“hacer y escuchar”.Tal la convicción de un pueblo que expresa “naasé ve nishmá”,” haremos y escucharemos” al pie del Monte Sinaí.  

Cuenta un relato talmúdico, que el escuchar lleva a la acción, escuchar con precisión qué nos dicen es el secreto. El pueblo parecía haber entendido el mensaje.

Lo que se pretende de nosotros  no son no sacrificios ni ofrendas, sino abrir nuestros oídos a la voz de aquél que nos habla y abrir nuestras manos a aquél que nos necesita.

De acuerdo con la Torá, ni la tierra ni el tiempo nos pertenecen.

Lo único que nos pertenece es la determinación de transformar o no nuestro tiempo en bendición.

Se dice que tres amigos tiene el hombre: su familia, sus bienes y sus buenas obras. Cuando se acerca la muerte, el hombre llama a su familia y suplica que lo salven. Ellos le dicen  que no lo pueden ayudar. Se dirige a sus bienes a que intercedan por él, y también le dicen que no lo pueden ayudar. Es entonces que el hombre se dirige a sus buenas obras y les suplica salvación.

Sus buenas obras le dicen: puedes partir en paz, nosotros somos tu única adquisición.

Ni la tierra ni el tiempo nos pertenecen. Sólo nos pertenece vivir una vida plena de significado y bendicón.

¡Shabat Shalom Umeboraj!
Marta Kohan de Graizman