Nitzavim – Vaielej – 5777

Fue tarea de los sabios de la tradición, el hecho de hacer coincidir diferentes Parashiot con algunas de las celebraciones o conmemoraciones dentro de nuestro calendario. Tal es así que, inexorablemente, Parashat Nitzavim (o bien Nitzavim-Vaielej) es leía antes de Rosh Hashaná. Esta situación nos lleva a pensar qué mensaje o enseñanza podemos obtener de esta sección, relacionada con el momento en el año en que nos encontramos.

En primer lugar, Parashat Nitzavim ilustra la renovación del pacto. Todo el pueblo de Israel se encuentra frente al ingreso a la tierra prometida. Pero antes, están Nitzavim (erguidos), parados ante D’s. Interpelados ante el creador. El pacto anterior que había sido sellado en ese mágico momento de Maamad Ar Sinai (la entrega oral de los diez mandamientos) fue quebrado a través de la realización del becerro de oro. Por lo tanto, y antes de ingresar a la tierra de Israel donde se habría de materializar un paso importante en la construcción de una nación, es necesario volver a establecer el pacto entre ambas partes.

Dentro del texto que registra este momento, encontramos el siguiente fragmento: “En este día pongo al cielo y a la tierra por testigos frente a ustedes, de que les he dado a elegir entre la vida y la muerte, y entre la bendición y la maldición. Elijan la vida, para que vivan ustedes y sus descendientes” (Devarim 30:19). La pregunta que nos podemos hacer es: ¿Por qué razón el cielo y la tierra son elegidos como testigos de esto? Así como en reiteradas oportunidades, son testigos de otros momentos (Devarim 32:1, Yshaiau 1:2), explicamos que los cielos y la tierra son eternos. Por otra parte, ellos nos proveen de nuestro sustento, el cual es el premio o el castigo por el cumplimiento o incumplimiento del pacto. Existe sin embargo, la posibilidad que estos testigos, sean tomados de manera equivocada. Ya la Torá nos advierte sobre esta posibilidad (Devarim 17:3). Incluso el Rambám lo desarrolla en una de sus principales obras: “En tiempos de Enosh, los hombres cometieron un grave error. D’s creó los cielos, la tierra y los astros luminosos. Él los ordenó y los colocó en el cielo para ordenar el día y la noche, (…). Con el tiempo, la gente comenzó a idolatrar y ofrecer sacrificios” (Rambám, Mishné Torá, Leyes de la idolatría 1:1).

En este sentido, es muy fácil confundir entre el creador y lo creado. Y por tanto, tomar partido hacia el lado equivocado. En realidad, lo difícil es abstraerse de los objetos y entender que todo fue creado para un propósito determinado. Y que nuestra misión es, al mismo tiempo que encontramos caminos para servir a D’s y relacionarnos con él, debemos relacionarnos con quien tenemos a nuestro lado. No es buscar siempre es lo profundo y lo misterioso, sino mas bien poder encontrar a D’s en la mirada del otro.

En tiempos de la Guemará, donde lamentablemente el fenómeno de la hambruna ya existía, se produce este acontecimiento: “Y ocurrió una hambruna durante tres años” (Shmuel Bet, 21). En el primer año, dijeron ‘acaso hay personas que hacen idolatría’ (…), investigaron pero no encontraron nada. Al segundo año, dijeron ‘quizás cometieron algún otro pecado’, investigaron pero no encontraron nada. Al tercer año, dijeron: ´Quizás interrumpieron la Tzedaká´” (Talmud Babilónico, Tratado de Yebamot 78b).

Es en tiempos de Elul en donde debemos enfocarnos hacia dónde vamos. Cuáles son los valores y actitudes queremos tomar. Si vamos a ser capaces de distinguir entre el creador y lo creado. Que lo creado, al igual que cada uno de nosotros, tiene una finalidad, un propósito. Que estamos en este mundo para algo especial. El punto está en encontrarlo. Probablemente, el final del fragmento de la Guemará, cuando se preguntan acerca de las razones de la hambruna, nos esté dando la respuesta a muchas preguntas.

Rab. Pablo Gabe

Comunidad Nueva Bnei Israel

Santiago de Chile