Nitzavim – 5776

En Europa hace 100 años uno de los oficios  muy necesarios y a la vez poco prestigioso, era el de deshollinador.

El deshollinador tenía que entrar a las chimeneas de las casas y limpiar las cenizas, el alquitrán que quedaba después de calentar la casa. También la suciedad y los restos de alimentos que quedaban allí de las cocciones.

Si no realizaban la limpieza de las chimeneas a tiempo, el humo del fuego de abajo, no podía dispersarse hacia afuera y se llenaba toda la casa de humo y de olor.

Los deshollinadores estaban siempre negros por el hollín y la ceniza; y su piel absorbía toda la suciedad. Por eso el que realizaba este trabajo era un señor que apestaba y no se veía nada bien.

Hay un relato sobre un hombre que realizaba este trabajo, el de deshollinador.

Cuando le llegó el momento de ocuparse del casamiento de su hija, en realidad de conseguirle un buen marido, a pesar que la hija era hermosa y muy buena, nadie quería pedirle a este hombre la mano de su hija.

El shadjn, el casamentero de la ciudad, decidió entonces encontrar un shiduj en otra ciudad, donde nadie lo conozca al padre por su oficio.

El shadjn viajó con la chica a otra ciudad y allí logró encontrar para la hija del deshollinador un buen shiduj, un buen partido.

El padre estaba muy contento con la noticia y decidió hacer todo lo posible y lo que este a su alcance para que el shidaj funcione y que su hija este satisfecha y pueda ser feliz.

Entonces decidió que un mes antes de la boda iba a interrumpir su trabajo y tomarse un respiro. En ese tiempo el alquitrán y el hollín iban a desaparecer, las manchas en su piel también y el iba a poder aparecer en la boda de su hija como cualquier individuo del pueblo.

Entonces un mes antes del casamiento dejó de trabajar. Pero a los pocos días vio que tenía muchas deudas y que lo esperaban por el casamiento muchos gastos. Entonces decidió que no  era necesario tomarse tanto tiempo y que dos semanas iban a ser suficientes para estar limpio de la suciedad. Y durante dos semanas iba a trabajar para ganar algo más de dinero para pagar los gastos de la boda. Total le quedaban otras dos semanas más.

Entonces un amigo le pidió que le limpie la chimenea de su casa que estaba tapada. Y también su amigo opinó que dos semanas  era una exageración. El deshollinador consideró su opinión, decidiendo finalmente que con una semana de limpieza iba a ser suficiente.

La última semana antes del casamiento, un cliente, de los importantes, que tenía una casa grande con varias chimeneas, le pidió que vaya a hacer la limpieza. El deshollinador le explico que pronto iba a ser el casamiento de su hija y tenía que tomarse un tiempo para limpiarse. El cliente le ofreció mucho dinero para hacer el trabajo y le dijo: por un lado todavía igual te queda un tiempo antes de la boda, además si no tomas el trabajo no tendré más remedio que dárselo a tu competencia, porque no puedo esperar.

Entonces, el deshollinador, decidió que un día iba a alcanzar para limpiarse bien, bien.  Porque no hay nada que un buen jabón no pueda limpiar!

Tomó el trabajo y esto le llevó casi toda la semana. Mientras lo realizaba pensaba que si el día de la boda iba a un sauna y se cepillaba con un buen jabón fuerte y perfumado, seguramente las manchas no se iban a ir por completo, pero iba a oler bien perfumado, rico y todo iba a estar bien.

La mañana del casamiento, cuando el deshollinador se dirigía al sauna, se encontró con un amigo desesperado que le dijo: te necesito, tenés que venir es pikuaj nefesh (salvarme la vida)

Mi casa está llena de hollín, tenés que venir a limpiarme la chimenea. Mi mujer me amenazó que se iba a ir y me iba a abandonar. El deshollinador trató de sacárselo de encima y el hombre lo agarró fuerte y le dijo: vení! Mi mujer me deja! Por favor son solo dos horas de trabajo. Tenés todo el día por delante y te voy a pagar mucho dinero. Le rogó y le imploró que vaya.

Pensó el deshollinador, es una mitzvá, es pikuaj nefesh, traer la paz a su hogar, en definitiva que no se separe de su mujer. Después de todo eran solo dos horas y todavía podía limpiarse.

Y casi cuando estaba terminando su trabajo ocurrió una desgracia, quedó atrapado en la chimenea, trabado, y tuvieron que ir tres hombres con sogas para ayudarlo a salir, para sacarlo. Ninguna de las veces anteriores había salido tan sucio y apestoso como ese día.

El deshollinador entendió que tenía que apurarse y correr para llegar a la jupá de su hija y no echar todo a perder. Estaba cubierto de alquitrán y de hollín desde la planta de los pies hasta la cabeza y en ese estado con dificultad se podía distinguir que era un ser humano.

Este relato suena un poco ridículo, hasta que nos damos cuenta que es un “mashal”, un ejemplo o una metáfora. Así nos manejamos muchos de nosotros durante el mes de Elul y así llegamos a Rosh haShaná.

No hay que esperar al día del juicio, tenemos que adelantarnos, meditar, estar solos y ocuparnos de nosotros ahora en Elul. Y no llegar a Rosh haShaná desconectados, si haber pensado y hablado los temas. Sin duda así estaremos lejos de la teshuvá, del arrepentimiento y de la reparación de nuestros errores.

Tenemos que  pensar que hicimos durante el año que ya ha transcurrido, y sacar la suciedad y la mugre pegada a nosotros.

Alejarnos de las malas costumbres y los errores para que no se nos instalen y se conviertan en parte nuestra.

Quizás queremos ser distintos, encarar el año nuevo de forma diferente y realizar otras cosas?

Porque no pensar: ¿Que quiero cambiar para el año que viene?

El gran enemigo de la teshuvá, de la introspección y el arrepentimiento es esta tendencia nuestra a dejar de lado lo importante, postergar los temas una y otra vez.

Parashat Nitzavim se lee el shabat anterior a Rosh haShaná, y esto no es casualidad.

En esta sección de la Torá, se habla bastante de la slijá, el perdón, la tfilá, las plegarias y la teshuvá, el retorno.

“Y vuelvas a Adonai tu Dios, tú y tus hijos, y escuches su voz con todo tu corazón y con toda tu alma…” (Deut 30:2)

Y el comienzo de la parashá también parece indicar que el pueblo se encontraba reunido antes de Rosh haShaná, antes del día del juicio:

Hoy estáis todos vosotros en presencia de Adonai vuestro Dios: vuestros jefes, vuestras tribus, vuestros ancianos y vuestros oficiales, todos los hombres de Israel, vuestros niños, vuestras mujeres, y tus extranjeros que habitan en medio de tu campamento, desde el que corta tu leña hasta el que saca tu agua” (Deut. 29:10-11)

Nosotros también estaremos Shabat Nitzavim  reunidos, dispuestos en pocos días a pararnos frente a Dios.

No seamos como el deshollinador de nuestro cuento. No dejemos pasar el tiempo, no desperdiciemos la oportunidad de prepararnos para Rosh haShná y estar limpios y listos a tiempo.

Shabat Shalom uMevoraj!