Mishpatim – 5778

Parashá Mishpatím (*)

(*)Extraído del comentario del Jumash, Libro Shemot – Éxodo; Traducción, supervisión, selección exegética, notas y comentarios del Rabino Marcos Edery Z’L

Y estas son las leyes…

En la parashá anterior (Itro) leímos acerca de la Revelación de la Torá en las palabras del Decálogo. Ese evento es considerado como unívoco en la historia espiritual de la humanidad. El pueblo de Israel presenció la Revelación y vivenció un acontecimiento espiritual casi indescriptible en palabras. Concluido ese evento, el pueblo deberá retomar su dimensión terrena, quiere decir: orientar su vida diaria y bajar la Torá desde las alturas del Sinai a la arena de los hechos. La Torá es básicamente una forma de vida y no solo una forma de pensamiento o actitudes. La interrelación entre actitudes y comportamiento es evidente en nuestras vidas. Es por eso que inmediatamente después de la Revelación será promulgada la legislación que abarca los aspectos de la vida en lo nacional, en lo civil, en lo religioso, en lo físico y en lo espiritual.

En cuanto a las penas que la Torá impone al infractor de sus leyes, Maimónides las categoriza afirmando que:

“Son cuatro los aspectos que tienen que ser tomados en cuenta para entender el carácter de la pena, a saber:

a) la magnitud de la infracción, ya que los actos que causan un perjuicio grande, su pena debe ser rigurosa, mientras que los actos que causan un perjuicio menor acarrearán una pena menor;

b) la infracción de comisión habitual y corriente en el medio debe ser impedida por una pena superior mientras que la infracción menos habitual y corriente acarreará una pena menor, y eso será suficiente para impedir la reincidencia;

c) la infracción cuya comisión es muy tentadora, de manera que la persona tiende a cometerla ya que los impulsos son grandes, o por ser esta infracción un hábito, o porque es muy difícil abandonar el hábito, seguramente esto no puede ser impedido a menos que se tema una pena grande;

d) la infracción encubierta de fácil comisión y no detectable por nuestro prójimo. Esto no se puede impedir a menos que se tema una pena grande y rigurosa.

Como consecuencia de esto, las penas que la Torá establece constan de cuatro grados, a saber:

1er. grado: la pena de muerte dictada por una corte;

2do. grado: la pena de כרת, “caret” -alma truncada;

3er. grado: la pena de flagelación;

4to. grado: la omisión de las mitzvot, que no tiene consecuencia práctica alguna y que queda en el reino del pensamiento o de la palabra, es imposible penar por ello y tampoco hay persona exenta de esta posibilidad.”

(…)

Rashí, basado en el Midrash Shemot Rabbah nos explica que el pronombre demostrativo; אלה, “ele” (estos o estas) generalmente indica un corte con el relato anterior, mientras que, cuando este pronombre demostrativo está precedido por la conjunción copulativa, “ve” -y-, en nuestro versículo; ואלה, “Veele” viene a indicar la continuidad con el relato que lo precede. Lo que conduce a la conclusión siguiente:

Así como los mandamientos enumerados en la parashá anterior fueron promulgados en Sinai, también todas “estas leyes” de Parashat Mishpatím fueron promulgadas en Sinai. Las normas del Derecho Civil y Penal del Judaísmo fueron reveladas por D’s en Sinai.

(…)

El Creador ha establecido nuestros derechos y nuestros deberes con respecto a nuestro prójimo, de acuerdo con leyes fundamentales cuyo principio rector a veces nos escapa. Asimismo, como el misterio de la naturaleza se devela ante nosotros en la medida en que observamos y seguimos sus leyes, también nosotros podremos descubrir los principios básicos de la sociedad humana en la medida en que estudiemos y apliquemos las leyes de la Justicia Divina (Véase Salmos 147).

Además, la regla de oro que regula la relación entre el hombre y su prójimo enunciada por la Torá, como: ןאהבת לרעך כמך-ama a tu prójimo como a ti mismo- implica básicamente preservar la vida y los bienes de nuestro prójimo como paso previo a una relación armoniosa y de amor que podrá florecer entre las personas.