Ki Tisa – 5778

EN BUSCA DE LA JUSTICIA

Por Rabino Jonás Shalom

Parashat Ki Tisa

Éxodo 30:11 – 34:35

Parashat Ki Tisa recuerda uno de los sucesos más conocidos (y al mismo tiempo más bochornosos) de toda la Torá. Se trata del episodio del Becerro de Oro. Moshé había subido a recibir las ansiadas Tablas de la Ley mientras el pueblo, debajo de la montaña, esperaba y desesperaba, construyendo un becerro de fundición.

Si bien la historia y su trágico desenlace son conocidos, lo que no se conoce tanto son las reacciones de los diferentes líderes al ver el accionar del pueblo. Es que ¿no había nadie allí para controlarlos y tranquilizarlos, para contenerlos y ubicarlos? ¿Quiénes eran los líderes en aquel momento? ¿Qué hicieron ellos ante el desvío y la desesperación del pueblo que llevó a la profanación y la destrucción?

El rabino Shlomo Tucker, decano del Instituto de formación rabínica de Schechter en Jerusalem, explica las reacciones que tuvieron tres diferentes líderes en aquel momento: Jur, Aharón y Moshé.

Jur fue el más extremista de todos. De acuerdo al Midrash (Shemot Rabá 41, 7), Jur se dedicó a apercibir al pueblo, sin percibir lo que realmente les sucedía, sin percatarse de su terrible angustia y ansiedad. Combinando advertencias y humillaciones, Jur fue categórico y punzante. No escuchó las razones del pueblo, no estaba dispuesto a negociar. Jur representó la posición más intransigente y terminó siendo asesinado cruelmente por el mismo pueblo.

Aharón, en cambio, adoptó una posición mucho más conciliadora. Rabi Simón ben Menasia (Sanhedrín 7a), explica que Aharón quería evitar la discordia y el peligro entre los integrantes del pueblo. Tal vez sea que Aharón tomó esta posición por ser un hombre que amaba la paz y perseguía la paz, enseñando a seguir sus pasos a todos sus alumnos (Avot 1:12). Pero posiblemente también su posición haya sido una reacción a la suerte que había corrido Jur. Aharón, al ver que Jur fue asesinado por su posición intransigente, decidió no correr la misma suerte (con el mismo destino) y estuvo dispuesto a cualquier cosa con tal de que se llegara a un acuerdo. Aharón escuchó y finalmente no solo aceptó la construcción del becerro, sino que contribuyó con dicho accionar, convirtiéndose en cómplice y no logrando la tan preciada paz. Tal como dice la Torá: “Cuando Aarón vio esto, edificó un altar delante del becerro…” (Shemot 32:5). Aharón, de algún modo y a pesar de todas sus virtudes, representó a quien busca acuerdos donde no se puede acordar, tan solo para evitar la discordia.

Finalmente hubo una tercera posición, la posición del equilibrio de la justicia. Moshé bajó del Sinai y resolvió que no había lugar para la intransigencia, pero que tampoco lo había para falsos acuerdos. Los culpables debían hacerse responsables y pagar el precio de su accionar. Mientras en otros casos Moshé se había mostrado accesible y flexible para ayudar y comprender al pueblo, en esta ocasión consideró que la única manera de detener el mal, era mediante la aplicación de la justicia.

Moshé, líder y maestro de Israel, optó por enseñar que hay momentos en los que no es posible acordar ni negociar ni tampoco cerrar los oídos. Moshé enseñó que en determinados momentos, es necesario ir en busca de la justicia con la fuerza necesaria para que atraviese una montaña (Sanhedrin 6b). No hay lugar para los sordos ni para quienes relegan sus principios por intereses propios. Hay momentos en los que sólo la justicia debe prevalecer para que la historia no se convierta en bochornosa por el resto de las generaciones. La justicia que nosotros podamos lograr y exigir en nuestras vidas diarias, en nuestras vidas comunitarias, en nuestro compromiso ciudadano y en la justicia social a nivel mundial. Son las huellas que quedarán de nuestro paso por el mundo. Porque así como nosotros recordamos aquel Becerro de Oro, dentro de miles de años, también nuestros hijos y nietos sabrán aquello que nosotros logramos hacer de la justicia el día de hoy.

Fuente: “Un acercamiento al libro del ÉXODO | SHMOT – Reflexiones actuales desde el judaísmo y el cristianismo”, – 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires : SAB Libros, 2014. (pag. 45), http://www.buenosaires.gob.ar/sites/gcaba/files/libro_exodo.pdf