Ki Tavó – 5776

¿Por qué es importante la conexión con el pasado?

Aun en el momento de mayor alegría está prohibido olvidar el pasado o desconectarse de él.

El pasado nos recuerda que debemos asociar a nuestra alegría también a aquellos que no la alcanzan y no la logran.

Al comienzo de la parashá hay una descripción activa del hombre que trabaja la tierra. Cuando la hereda y vive en ella.

La Torá nos indica que en vez de acostarnos, relajarnos y dedicarnos solo al disfrute tenemos que tomar nuestro orgullo, nuestro fruto y donarlo. Y no alcanza con eso.

En la antigüedad se hacia una especie de declaración, confesión que ayuda a reflexionar y hacer Teshuvá.

Esta declaración: “Mikrá Bikurim”  es el texto que se debía recitar la persona al entregar las ofrendas en el Templo.

Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa; y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Adonai el Dios de nuestros padres; y oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Adonai nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel.  Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Adonai…He sacado lo consagrado de mi casa, y también lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que me has mandado; no he transgredido tus mandamientos, ni me he olvidado de ellos. No he comido de ello en mi luto, ni he gastado de ello estando yo inmundo, ni de ello he ofrecido a los muertos; he obedecido a la voz de Adonai mi Dios, he hecho conforme a todo lo que me has mandado. Mira desde tu morada santa, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que fluye leche y miel”.

No todos eran ricos y tenían mucho para dar; y sin embargo en esas procesiones que se hacían a Jerusalem iban todos, ricos y pobres. Y la idea que encierra este precepto es la de solidaridad y en esa solidaridad transformar lo concreto y material en algo espiritual.

Se habla mucho hoy de espiritualidad y llenar el alma! ¿Qué significa eso de verdad?

Espiritualidad es poder transformar los actos más terrenales en sublimes y elevados. Cuidar la mesa y la familia, el encuentro y el diálogo. Disfrutar de la alegría de los hijos, el abrazo de  los amigos y la buena compañía.

Como en mitzvat Bikurim traer a nuestros corazones nuestras memorias y abrazarlas en secreto y recordarlas en compañía y comunidad.

Es poder cantar y rezar en Ivrit, en el idioma que es nuestro y alegrarnos, sin sentir vergüenza pensando que no es moderno. Es pensar nuestra Teshuvá en concreto y hacer de nuestra Mitzvá un hecho.

Como comunidad no alcanza con que nos reunamos en Iom Kipur, ayunemos y digamos: “Palabras lindas que lleguen al alma” ¿El alma de quien? ¿Que llene qué?

Comencemos ya a abrazarnos en familia y a disfrutar en comunidad, comencemos ya con Teshuvá y Tzedaka, y nos llenaremos de espiritualidad.

Probablemente entonces nuestra Tefilá llegará a las alturas como en Egipto cuando nuestros padres clamaron y fueron redimidos.

Shabat Shalom uMevoraj!