Amasado de Jalot

Por Natalia Jasin

Se acerca Rosh Hashana y ya se puede respirar aires que empiezan a renovarnos el alma. Un año nuevo que nos invita rememorar ciertas tradiciones. El martes 6, participe por primera vez en el  amasado de jala de manera comunitaria en el espacio de Beth Hilel. Y allí hubo algo especial, algo casi mágico.. mesas llenas de madres, abuelas, gente joven, con la intención de aprender y compartir un momento distinto. Ahí conocí algunas historias, que parecidas a la mía, implican entenderse como judío y encontrar lo que cada uno siente que es ser judio.. algunos nos cuesta y otros lo mamaron de chiquitos. Pero ahí, algo de lo humano, de lo sencillo, de lo cotidiano, de lo posible se fue construyendo. Miradas cómplices que se iban resignificando en cada toque de harina en la nariz. Amasamos una y otra vez, con paciencia, agregamos más agua, más harina, nos fijamos si leuda, si quedó perfecta. Así como mecemos a nuestros hijos y queremos ser perfectas para ellos, porque siempre queremos darlo todo. Hacerla, implica poner algo de uno y sacar otra cosa, aquello que llevamos a nuestro hogar para bendecirlo y llenarlo de luz, por eso las mujeres son las que prenden las neirot en la casa. Compartir eso con otras mamás, mujeres, abuelas, nos habla de un relato que se sucede de generación a generación, y que nunca muere, porque lo mantenemos vivo con cada cosa que hacemos, porque la sentimos, porque lo que sale del corazón, llega al corazón. Fortalecer este tipo de Instituciones, que con un gesto, logran llegar a lo profundo de una idea, de una tradición, de un pueblo que subsiste y se mantiene gracias a estas acciones. Alguna vez leí que “Nadie es tan fuerte como para cambiar el mundo solo, pero nadie es tan débil como para no poder hacer nada”. Mantener esto depende de nosotros.

Para mi ser judío implica amor hacia al prójimo, ese del que no se pide nada a cambio, sin sacrificios ni dobles intenciones. Ese del bueno, como cuando nos ponen a nuestros hijos en el pecho cuando nacen y respiramos al unísono, ese minuto de paz absoluto y amor profundo. Mi amiga que me llevo, lo hizo con esa premisa, y soy una mujer bendecida de tenerla conmigo y que quiera compartir este momento al lado mio. Porque entre risas, harina y mucho amor, sin darnos cuenta, vamos de a poco, amasando la vida.. siempre.